sábado, 23 de mayo de 2020

Cambios políticos de la Edad moderna


 

El liberalismo está inspirado en parte en la organización de un Estado de derecho con poderes limitados que idealmente tendría que reducir las funciones del gobierno a seguridad, justicia y obras públicas y sometido a una constitución, lo que permitió el surgimiento de la democracia liberal durante el siglo XVIII, todavía vigente hoy en muchas naciones actuales, especialmente en las de Occidente.

El liberalismo europeo del siglo XX ha hecho mucho hincapié en la libertad económica, abogando por la reducción de las regulaciones económicas públicas y la no intervención del Estado en la economía. Este aspect del liberalismo ya estuvo presente en algunas corrientes liberales del siglo XIX opuestas al absolutismo y abogó por el fomento de la economía de mercado y el ascenso progresivo del capitalismo. Durante la segunda mitad del siglo XX, la mayor parte de las corrientes liberales europeas estuvieron asociadas a la comúnmente conocida como derecha política.

La otra faceta importante es la que se da desde el costado económico y con la que durante siglos se ha logrado legitimar al sistema capitalista de producción. El pensador Adam Smith, a partir de la observación de una fábrica de alfileres, creyó encontrar las condiciones en las que se desarrollaba la conducta humana en las decisiones económicas.

Así es como formuló la teoría de la importancia del libre juego entre la oferta y la demanda de cualquier bien y servicio, a partir de la base de que las personas dejadas en total libertad para actuar terminarán yendo por el camino del bien común. El primer fundamento del liberalismo económico es la no intromisión del Estado ni de ningún mecanismo coercitivo a la libertad absoluta de los agentes económicos. A partir de esto es como se fueron formulando una serie de funciones y agregados que determinan la conducta de los agentes: las leyes de oferta y demanda, los puntos de equilibrio y la competencia perfecta.

Es indudable que el liberalismo funcionó siempre a partir de una serie de principios filosóficos que lo justifican, basados en primera instancia en la completa libertad de las personas. A esta libertad se la consideraba como inviolable, y se creía que debía ser lo más grande que pudiera (incluyendo la tan importante libertad de culto, con un Estado laico), con el único límite de no atacar la libertad ajena.

A partir de esto es que otra premisa es la igualdad, pero una igualdad en la relación de las personas frente al Estado y a la Justicia. No se referían a la igualdad en el sentido de la distribución equitativa de la riqueza, que solo sería responsabilidad del mercado: en el eventual caso de que se quiera repartir las ganancias, sería únicamente debido a la caridad privada de los que obtienen la ganancia. Sin embargo, aquella caridad privada se contrapone con uno de los principios fundamentales de esta doctrina, que es el individualismo, entendido como las personas en ejercicio de su libertad, por fuera de una pertenencia a un colectivo.

Sin embargo, la palabra liberalismo ha variado un poco su sentido con el paso del tiempo, llegando a representar una posición de un país como Estados Unidos, y una muy distinta en otros, como los de Latinoamérica. Esto puede suceder porque luego del proceso de globalización, el modelo que pregonaba la ausencia total del Estado comenzó a mutar pidiendo su intervención a favor de las empresas transnacionales, y las políticas económicas liberales comenzaron a tener rumbos claros: privatizaciones, políticas monetarias y fiscales restrictivas, flexibilización laboral. A esto se le suele llamar hoy neoliberalismo.


Características del neoliberalismo:

A pesar de las dificultades que existen a la hora de definirlo con certeza, el neoliberalismo a inicios del siglo XXI se asocia usualmente con:

Proponer el achicamiento del gasto público y la reducción del Estado, así como la menor intromisión posible de éste en los asuntos de la economía, dejándole la conducción de la economía a los actores privados y al libre mercado.

Se lo asocia a políticas fiscales y monetarias restrictivas, desregulación de los mercados y privatización de las empresas públicas.

La aplicación de políticas de austeridad como mecanismo para la recuperación económica de países en vías de desarrollo o en crisis profundas, lo cual a menudo se traduce en mucho malestar social y aumento de la pobreza, a medida que los capitales son redirigidos del consumidor a las empresas.

Defiende ciertos preceptos del viejo liberalismo clásico, pero a través de lineamientos políticos muy diferentes, determinados por ideas muy posteriores.

Sus enemigos ideológicos son los sectores progresistas y socialistas.




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