Cambios
políticos de la Edad moderna
El
liberalismo está inspirado en parte en la organización de un Estado de derecho con poderes limitados que idealmente tendría que reducir las funciones
del gobierno a seguridad, justicia y obras públicas y sometido a una constitución, lo que permitió el surgimiento de la democracia liberal durante el siglo XVIII,
todavía vigente hoy en muchas naciones actuales, especialmente en las de Occidente.
El
liberalismo europeo del siglo XX ha hecho mucho hincapié en la libertad económica, abogando por la reducción de las regulaciones
económicas públicas y la no intervención del Estado en la economía. Este aspect del liberalismo ya
estuvo presente en algunas corrientes liberales del siglo XIX opuestas al
absolutismo y abogó por el fomento de la economía de mercado y el ascenso progresivo del capitalismo. Durante la segunda mitad del siglo XX, la mayor parte
de las corrientes liberales europeas estuvieron asociadas a la comúnmente
conocida como derecha política.
La otra
faceta importante es la que se da desde el costado económico y con la que
durante siglos se ha logrado legitimar al sistema capitalista de producción. El pensador Adam Smith, a partir de la
observación de una fábrica de alfileres, creyó encontrar las condiciones en las
que se desarrollaba la conducta
humana en las decisiones
económicas.
Así es
como formuló la teoría de la importancia del libre juego entre la oferta y la demanda de
cualquier bien y servicio, a partir de la base de que las personas dejadas en
total libertad para actuar terminarán yendo por el camino del bien común. El primer fundamento del liberalismo
económico es la no intromisión del Estado ni de ningún
mecanismo coercitivo a la libertad absoluta de los agentes económicos. A partir
de esto es como se fueron formulando una serie de funciones y agregados que
determinan la conducta de los
agentes: las leyes de oferta y demanda, los puntos de equilibrio y la competencia
perfecta.
Es
indudable que el liberalismo funcionó
siempre a partir de una serie de principios filosóficos que lo
justifican, basados en primera instancia en la completa libertad de las personas.
A esta libertad se la consideraba como inviolable, y se creía que debía ser lo
más grande que pudiera (incluyendo la tan importante libertad de culto, con un
Estado laico), con el único límite de no atacar la libertad ajena.
A
partir de esto es que otra
premisa es la igualdad, pero una igualdad en la relación de las
personas frente al Estado y a la
Justicia. No se
referían a la igualdad en el sentido de la distribución equitativa de la
riqueza, que solo sería responsabilidad del mercado: en el
eventual caso de que se quiera repartir las ganancias, sería únicamente debido a la caridad privada de los que
obtienen la ganancia. Sin embargo, aquella caridad privada se contrapone con
uno de los principios fundamentales de esta doctrina, que es el individualismo, entendido como las personas en ejercicio de su libertad, por fuera de una
pertenencia a un colectivo.
Sin
embargo, la palabra
liberalismo ha variado un poco su sentido con el paso del tiempo,
llegando a representar una posición de un país como Estados Unidos, y una muy
distinta en otros, como los de Latinoamérica. Esto puede suceder porque luego
del proceso de globalización, el modelo que pregonaba la ausencia total del Estado
comenzó a mutar pidiendo su intervención a favor de las empresas
transnacionales, y las políticas económicas liberales comenzaron a tener rumbos
claros: privatizaciones, políticas monetarias y fiscales restrictivas,
flexibilización laboral. A esto se le suele llamar hoy neoliberalismo.
Características del neoliberalismo:
A pesar
de las dificultades que existen a la hora de definirlo con certeza, el
neoliberalismo a inicios del siglo XXI se asocia usualmente con:
Proponer
el achicamiento del
gasto público y la reducción del Estado, así como la menor
intromisión posible de éste en los asuntos de la economía, dejándole la
conducción de la economía a los actores privados y al libre mercado.
Se lo
asocia a políticas fiscales y monetarias restrictivas, desregulación de los mercados y
privatización de las empresas públicas.
La
aplicación de políticas
de austeridad como mecanismo para la recuperación económica de
países en vías de desarrollo o en crisis profundas, lo cual a menudo se traduce
en mucho malestar social y aumento de la pobreza, a medida que los capitales son redirigidos del consumidor a las empresas.
Defiende ciertos preceptos del viejo
liberalismo clásico, pero a través de lineamientos políticos
muy diferentes, determinados por ideas muy posteriores.
Sus enemigos ideológicos son los sectores progresistas y socialistas.

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